Mientras giraba sobre su lado derecho para llegar al otro lado de la cama, Juan continuó el relato: "Pasaron muchas noches de sueño a medias. Irremediablemente me invadía la incomodidad a cada segundo. Y al despertar me sentía acompañado por la más incómoda presencia de quien me había corrido de su vida de la manera más políticamente correcta. No era incómodo no tenerla ya, sino haber dejado pasar la oportunidad de vivir con lapersonamásadecuadaparamivida." Mantuvo el silencio unos minutos. Observaba por la ventana la tarde de esa ciudad fresca en otoño, pero siempre con el sol implacable al atardecer. De pronto se levantó y entró al baño.
Sofía había preparado esa tarde sandwiches con tomate, queso y albahaca. A Juan le fascinaba cómo brillaba el aceite de oliva cuando lo servía antes de meter el bocadillo al horno. Platicaron más de una hora en la cocina hasta llegar al fondo de una botella de Jumilla. Juan se mantenía en una gran tranquilidad después de varios días. Y esto era muy inusual. Por lo general, al menos una vez al día podía vérsele atrapado en un torbellino de intranquilidad que lo abatía. Podía incluso llegar a las lágrimas.
Al salir del baño se detuvo a observarle. Poco a poco caminó por los lados de la cama. No le quitaba la mirada de encima. La recorría como una víbora lenta en busca de un poco de alimento. De pronto se detuvo en sus ojos. Y suavemente Sofía creyó escuchar: "te quiero".
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1 comentario:
Me encantó.
Un abrazo.
Suyai
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