viernes, septiembre 02, 2005

La lluvia en Monterrey





Inesperadamente llegó. Sólo se anunció poco antes con fuertes soplidos que me llenaron los ojos de polvo. Cayó como una gran ducha. Volvió loca a la ciudad. Como ahora trato de ser precavido, cancelé mis planes de esa tarde y me refugié en casa. Esperé a que regresara la electricidad y el agua. En la penumbra jugaba a imaginar que las nubes entraban por mi ventana e iban creando formas que debía adivinar. Un conejo después de una manzana; una barracuda que pasaba de largo; una flecha que quizás perseguía a la barracuda; unas alas.
Antes de hartarme, la luz regresó. Serví un vermouth, encendí un cigarro y me senté en la barra de la cocina viendo hacia el balcón; viendo hacia la ciudad que aun se mojaba con la lluvia de Monterrey.

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