miércoles, septiembre 21, 2005

La memoria I













Al parecer eran lagos. Lagos de colores. Unos rosas, otros rojos. De pronto aparecieron otros de un rosa más intenso y otros oscuros; de un color que no quise definir.
Me detuve largo rato a contemplarlos. Les sonreí y me sonrieron.
La fuerza del sol me hacía cerrar los ojos hasta dejar una pequenísima ventana que me permitiera ver los colores reales. Quise tirarme al césped a respirar ese calor que abrazaba la mañana de primavera. Pero preferí caminar; dejar atrás esos lagos que ya llevaba atrapados.
Llegué al borde del cerro para contemplar la ciudad, mientras recordaba los colores que ya planeaba compartir para que otros tuvieran un pedacito de lo que yo ya había disfrutado ese día.

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