miércoles, septiembre 21, 2005

Juan I

Salió corriendo. Desesperadamente buscaba calles largas. No le importaba si estaban iluminadas. Sólo corría sin parar.
En cada esquina se estremecía, cerraba los ojos e imaginaba un fuerte golpe del lado derecho. Al siguiente instante, al comprobar que seguía corriendo, abría por completo los ojos sin importarle las gordas gotas de la lluvia que lo aplastaban a cada segundo. Su sudor se mezclaba con el agua. Eso le ayudaba a mantener los ojos abiertos. Respiraba profundamente. Cada exhalación tenía una fuerza imparable y la acompañaba un sonido de desesperación. No oía mas que agua cayendo. No lograba enterarse de qué más pasaba alrededor. Era un ruido de lluvia ensordecedor que lo abrazaba y lo acompañaba en su veloz carrera.
De pronto se detuvo al llegar al puerto.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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